miércoles, 13 de agosto de 2014

Girasoles.

Tengo tortícolis.

Viniendo de Cádiz por la nacional, carretera rodeada a ambos lados por plantaciones enormes de girasoles. No perdía detalle a medida que íbamos avanzando por la carretera: girasoles cabizbajos, secos, vacíos. Algunos hasta parecía que albergaban agujeros negros si los mirabas al centro. Si no fuera por que sé perfectamente que el ciclo de la vida no funciona a la inversa, diría que algunos simplemente dormitaban, mientras sus tallos aún verdes por algunas zonas auguraban un temprano despertar. 
Inconscientemente he ido buscando girasoles aún vivos entre ese campo negro achicharrado por el sol. Y juro que algunos girasoles amarillos brillantes mirando al cielo había y, aunque no sea razón para conformarse, al menos reconforta saber que hay quienes sobreviven a tales arrasamientos.


Bendita tortícolis, de mirar siempre hacia arriba. 

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