martes, 26 de noviembre de 2013

Despedida a un amigo.

Te imagino levantándole la falda a la luna, como en la canción.

Allá arriba, sí, en ese cielo que hasta los ateos como tú y yo somos capaces de imaginar cuando alguien querido se va. Y es que, ¿quién iba a decirme que tuviera que despedirme sin haberte llegado a ver? Y ya ves, te sigo debiendo dos cervezas, malditas apuestas.

Ya me contarás, a ver si allí quieren privatizar las nubes, si la acústica al tocar la guitarra es mejor y si, yo que sé, la cerveza es de otro color.

De nuestro todo y nada quiero que sepas que me quedo con el todo, que ya sabes que siempre he sido ambiciosa. Y que de ti me llevo tus alas, negras, grandes y hermosas, tal y como las imaginaba.

Hoy y para siempre la pelirroja tatuada en tu pierna sonríe por tener la mejor compañía.


Ahora que me despido pero me quedo, gracias.