jueves, 2 de mayo de 2013

Nos veremos en la próxima primavera.


Una tarde normal de primavera en el sur. El viento soplaba suavemente, como una brisa fresca que aliviaba por momentos el calor de la calle a plena luz del sol. La gente paseaba por el centro de la cuidad luciendo su recién sacada ropa de verano y sus pieles blanquecinas, algunas casi centelleantes al reflejo de la luz.

El polen de los árboles de las calles por donde paseaba, las flores de los parques y balcones le hacía estornudar, dejándole la punta de la nariz levemente enrojecida. Se limitaba a buscar huecos con sombra, por donde tenía que apartarse constantemente para dejar paso a otras personas. A su vez miraba a su alrededor fijándose en las caras que le rodeaban, esperaban junto a ella a que el semáforo se pusiera en verde o que pasaban de largo. Algunas sonrientes, otras serias, alguna que otra cara “alergiosa” como la suya. Pasar junto a un naranjo y “ahh”, el olor a azahar. Rara vez podía resistirse a no coger una pequeña flor de azahar y guardarla en su mano hasta que se quedase el olor en ella.
“La primavera llegó”, pensaba para sus adentros.

La verdad es que había bastante gente en la calle aquella tarde. La llegada del calor y del buen tiempo parecía haber sido como una llamada a salir de casa a toda la cuidad.
Vio venir hacia ella un joven alto y moreno, cabizbajo, mirando al suelo. No podía apartarse en ese momento pues había demasiada gente y, a menos que el joven no mirase al frente pronto, chocarían. Levantó una mano hacia él cuando estuvieron a una distancia muy corta el uno del otro para evitar el choque y, casi riéndose por el descuido de él, le dijo “perdona, hola”.
El muchacho levantó la vista y se miraron.









En ese microsegundo en el que sus miradas se cruzaron pareció pasar una eternidad.
Sólo dio tiempo a que ambos se miraran con extrañeza, como sorprendidos el uno del otro al mirarse las caras. Él la esquivó y siguió hacia adelante tras un forzado “hola”. De momento, ella se recuperó de su sorpresa y continuó igualmente.

Esos labios les eran familiares, pero no podía ser él, aún no. Intentó recuperar mentalmente la imagen de su cara, que ahora se le tornaba confusa.
No podía ser él.
Miró hacia atrás.

Él la estaba observando un poco más alejado del sitio donde se habían cruzado, cuando vio que ella se giraba y sus miradas volvían a cruzarse volvió inmediatamente la vista al frente y siguió su camino pensando para sus adentros “no puede ser ella, aún no”.

Ella también siguió su camino, con su flor de azahar en la mano y su nariz enrojecida.
“Si realmente era él, seguro que nos veremos en la próxima primavera”, pensó mientras que la distancia entre ambos se hacía cada vez mayor. 



"Todo llega, hasta la primavera"

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