sábado, 2 de febrero de 2013

FIN.


Todos sabemos que siempre hay un final, solo que algunas veces no queremos saberlo, ni imaginarlo, o pensar siquiera que existe o que llegará.
Como leer un libro cuya historia te atrae y engancha, que está lleno de suspense y desechas la idea de mirar siquiera de soslayo el final del libro para no desvelar el misterio, o que deseas que no acabe nunca.
Puede que el no pensar en el final te haga disfrutar más del transcurso de la historia, pero no evitará que llegue.

Aunque, hay todo tipo de libros. 

Hay libros previsibles, en los que ya en el principio intuyes el desenlace final y el misterio se va junto con tus ganas de seguir leyendo.
Libros cuyo comienzo no suscita demasiado interés, pero cuanto más avanza la historia, más te atrae. También los hay que comienzan siendo muy interesantes pero el desarrollo de la historia se hace tan pesado que hasta roza el aburrimiento.
Hay libros lineales, esos cuya historia apenas recordarás con el paso del tiempo pues no supuso nada demasiado especial.
Libros con un contenido lleno de altibajos, a los que te acabas acostumbrando pero que, a la larga, cansan. Y hay libros intensos de principio a fin, cuya historia acaba pero sigues con las ganas de leer más y más. 

Hablando de finales.
Está el final que te deja un sabor dulce, que hace que recuerdes todo el desarrollo de la historia con satisfacción cualquiera que haya sido el final.
Pero también están los finales que hacen que cambies por completo tu concepción de toda la historia, para bien o para mal. 


- Cerró el libro.
El último capítulo de aquella historia había acabado.
Hacía tiempo que ningún libro le parecía tan bueno.
Eso le motivaba aún más a encontrar uno mejor y empaparse con sus palabras, a dejarse llevar hasta involucrarse por completo en la historia como si formase parte de ella, como si fuese uno de los personajes principales.
Aunque en cierto modo y, por mucho que le resultase extraño, ya lo era -.

"Solo quiero que seas como un libro abierto".