sábado, 26 de enero de 2013

Otoño.


Llegó el otoño y, mientras las hojas de los árboles caían, una historia comenzaba con la venida de la nueva estación.
Un día, asomada a mi ventana, vi una hoja caer desde uno de los árboles que adornan mi calle.
Tú.
El otoño, estación amable, intermedia entre el calor y el frío, entre nuestro comienzo y nuestro final.
Con su amabilidad nos condujo hacia algo inesperado, envolviéndonos cariñosamente en un remolino de hojas secas de colores cálidos a nuestro alrededor que, más tarde, se llevaría el viento.
Pero llegó el invierno y los árboles se pelaron.
Y ya no había hojas por donde pisábamos, sólo los restos de aquel otoño y del agua de las lluvias que anuncian la llegada de la siguiente estación.
Y ya no me asomaba a la ventana por el frío, el mismo frío que se adueñó de nosotros, helándonos hasta los huesos.
Llegará la primavera y otras hojas crecerán para volver a caer en el siguiente otoño y, ¿quién sabe lo que nos deparará?
Yo seguiré en mi ventana, viendo las hojas secas caer, viendo cómo el humo de mi cigarro se esfuma en el cielo llevándose mis dudas, mis miedos y, quizás, algún que otro recuerdo.
Siempre que me acuerde de ti, te recordaré como fuiste en el último otoño.

"Soy la mariposa que vuela hacia el huracán".

Poema 6.
Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera,
Las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
Boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.
Pablo Neruda

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