domingo, 20 de enero de 2013

Llueve.


Llueve. Y fuera la lluvia borra las huellas de las pisadas de la gente que recorre la ciudad.

Llueve, pero a mí me gusta imaginar que en alguna de las calles que juntos recorrimos hay un pequeño techo que resguarda nuestras huellas de la lluvia e impide que se borren. Y que anhelan que volvamos a recorrer esas calles que prometimos recorrer juntos hasta agotar nuestros pies.

Esas calles ahora guardan nuestros secretos, nuestras historias y nuestras fantasías, que sólo sabíamos ellas, tú y yo y que se harán cada vez más turbias en nuestra memoria con el paso del tiempo y desaparecerán por completo un día de tormenta.

Lloverá y pasará el tiempo, y algún día volveremos por separado a esas calles acompañados de otras personas. Y  lloverá y volverán a borrarse de nuevo las pisadas, los recuerdos y el amor.

Lloverá, y cuando oigas la lluvia caer al otro lado de tu ventana, te acordarás de mí. Y sonreirás.

“Y hoy la cuidad nos enseña, que no somos ni seremos nunca los de antes”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario