martes, 26 de noviembre de 2013

Despedida a un amigo.

Te imagino levantándole la falda a la luna, como en la canción.

Allá arriba, sí, en ese cielo que hasta los ateos como tú y yo somos capaces de imaginar cuando alguien querido se va. Y es que, ¿quién iba a decirme que tuviera que despedirme sin haberte llegado a ver? Y ya ves, te sigo debiendo dos cervezas, malditas apuestas.

Ya me contarás, a ver si allí quieren privatizar las nubes, si la acústica al tocar la guitarra es mejor y si, yo que sé, la cerveza es de otro color.

De nuestro todo y nada quiero que sepas que me quedo con el todo, que ya sabes que siempre he sido ambiciosa. Y que de ti me llevo tus alas, negras, grandes y hermosas, tal y como las imaginaba.

Hoy y para siempre la pelirroja tatuada en tu pierna sonríe por tener la mejor compañía.


Ahora que me despido pero me quedo, gracias. 


martes, 11 de junio de 2013

Lo mejor de mi.

Que siempre esperen lo mejor de ti denota plena confianza en tus capacidades y posibilidades como persona. Algo innegablemente halagador. Algo que las personas que me conocen desde siempre o casi siempre, por suerte o por desgracia, hacen.

“Hay que ser una alumna ejemplar, desde pequeña. Y con “alumna ejemplar” se refieren, por supuesto, a esa chica que nunca llama la atención en nada excepto en sus notas. Educada, callada y tímida. A medida que vayas creciendo, nunca te plantees otra cosa seria más allá de tus estudios. Así hasta llegar a la Universidad, donde pasarás los mejores años de tu vida. La Universidad amplia tu punto de mira, abre la mente, te enseña cosas nuevas. Eso sí, no te dejes llevar demasiado por asuntos que no competan a tu carrera. No te desmelenes, no fuera que descuides tus estudios. Cuidado con la forma de vestir y con la posible imagen que puedas dar al ambiente que te rodea, pues esa imagen perdurará para siempre y podrá perjudicarte a la hora de buscar trabajo. Si no te ocupa mucho tiempo, entonces quizás puedas tener tu primer novio, un chico discreto y que estudie tu misma carrera, pues así compartiréis más ambiciones e inquietudes. Aunque, seguramente, lo dejaréis antes de acabar los estudios, pues estaréis tan dedicados a éstos que no tendréis tiempo el uno para el otro. Cuidado con las fiestas, las borracheras  y las fotos que subes a internet con esa sonrisa ebria que a ti, que eres tan formal, no te pega. Que ni se te pase por la cabeza fumar o probar ningún tipo de droga, pues igualmente te encasillaría en un tipo de persona que no eres. Termina la carrera con las mejores notas y sumérgete en el mundo laboral. Éste te recibirá con las puertas abiertas debido a tu grandioso curriculum y accederás fácilmente a un gran puesto de trabajo. Fijo, por supuesto. Cuando lleves unos años trabajando en ese trabajo que tanto te gusta y satisface día a día, conocerás a tu media naranja. Os enamoraréis el uno del otro y, tras un par de años de noviazgo, os casaréis. ¡Ah! Se me olvidaba mencionar que tu novio, al igual que tú, tendrá una carrera y un puesto de trabajo fijo e, incluso, puede hasta que gane mucho más dinero que tú. Juntos formaréis una familia ejemplar y tendréis un par de críos, que educaréis a imagen y semejanza de la magnífica educación que os dieron vuestros padres y esta sociedad y sistema maravilloso hasta que lleguen a la edad adulta y tengan la posibilidad de tener un futuro incluso aún mejor del que tú y tu pareja tuvisteis”.

Y ahí estás tú, entre no decepcionar a nadie saliéndote del molde, pues entonces no estarías cumpliendo las expectativas que tenían en ti, o entre poder ELEGIR por ti misma.
Entre mostrarte cómo eres verdaderamente a través de tus gustos, forma de pensar, de vestir, de actuar, de sentir…o entre acatar lo que te imponen, que hace que encajes perfectamente en la sociedad, que te proporciona un futuro “seguro”, que te hace uno más, que te vuelve invisible.

¿Estás segura/o de que hasta ahora has elegido tú?




“Si no ves más allá de tu horizonte, estaremos perdidos”. 

domingo, 26 de mayo de 2013

CARTA:

"Hoy me desperté con ganas de ti.
Lo supe antes incluso de abrir los ojos.
Allí, tumbada en la cama, con la manta hasta casi por la nariz, consciente de que era de día por la claridad que los rayos de sol que se colaban por mi persiana dejaban  en mi cuarto.
Sentía que me faltabas, a mi lado, mirándome con esa sonrisa tuya, esperando a que abriera los ojos para darme un beso de buenos días.

Era tarde.
El tiempo mientras pienso en ti, al igual que cuando pasábamos tiempo juntos, pasa el triple de rápido.
Cogí mi ropa.
Y sí, aún sigo oliéndola cada mañana antes de ponérmela en un intento de averiguar cuál era ese olor del que hablabas.
Mi olor, agradable y tranquilizador, decías. Aún sigo sin oler a nada.
Metí una manzana en el bolso y salí, con prisas, a la calle.

Aquí empieza el motivo por el cual te escribo, pues cual fue mi sorpresa que, cuando salí a la calle ya no te buscaba en todas las personas a las que me cruzaba.
No eran tus ojos oscuros, tu pelo negro, ni siquiera tus labios los que imaginaba en caras de extraños, como de costumbre.
Confundida seguí mirando a mi alrededor, ¿dónde te habías metido?

Me di cuenta entonces de que ya apenas recordaba tu cara.
Ni siquiera recordaba tu forma de andar, para mi tan peculiar e inconfundible.
De pronto ya no te conocía, no sabía quién eras.
Empecé a temer que te cruzases conmigo y no ser capaz de reconocerte, a no volver a verte.

Esta noche, al llegar a casa y ponerme el pijama, ya en la cama, justo antes de cerrar los ojos, pensé en ti. En ti y en lo que acabo de contarte.
Me levanté buscando una foto tuya con la esperanza de refrescarme la memoria, de que los recuerdos me provocasen de nuevo esa presión en el pecho que sentía cada noche desde que te fuiste.
Ahí estaba tu cara, pero estabas distinto y, en ese momento, supe que el recuerdo que hasta entonces tenía de ti se había ido para no regresar más a mi memoria.
Y descubrí el secreto.

Llevaba tanto tiempo sin volver a sentir esa sensación de escalofríos, nervios e ilusión por nadie que había idealizado el amor en tus ojos oscuros, tu pelo negro, en tus labios, en ti.
Pero ha pasado tanto tiempo, tanto tiempo buscándote en otras caras, que todo lo que me transmitías ha estado desapareciendo al mismo tiempo que mis recuerdos.
Tu imagen no me evocaba nada, sólo el recuerdo de lo que una vez fuimos.

Te escribo para decirte que al fin dejé de buscarte, que no voy a echarte más de menos, que no despertaré más con ganas de ti, que ya no te quiero.
Que quizás aún no sé lo que busco, pero sí sé que no es a ti.
Siempre te recordaré como lo que fuiste, parte de mis principios. Una experiencia, el recuerdo de una persona que estoy segura ya no eres. Alguien especial de un momento pasado.
Aunque mi mala memoria me impida recordar con claridad tus rasgos, siempre estarás ahí.
Espero que estés bien y que encuentres a alguien a quién poder mirar por las mañanas al despertar como me mirabas a mí.

Quién sabe, quizás algún día nos crucemos por la calle y pueda decirte todo esto en persona.
Yo, mientras, seguiré buscando otros ojos con ese brillo en la miraba y esa sonrisa en los labios que tanto he buscado, hasta encontrarlos.


Sé feliz".


jueves, 2 de mayo de 2013

Nos veremos en la próxima primavera.


Una tarde normal de primavera en el sur. El viento soplaba suavemente, como una brisa fresca que aliviaba por momentos el calor de la calle a plena luz del sol. La gente paseaba por el centro de la cuidad luciendo su recién sacada ropa de verano y sus pieles blanquecinas, algunas casi centelleantes al reflejo de la luz.

El polen de los árboles de las calles por donde paseaba, las flores de los parques y balcones le hacía estornudar, dejándole la punta de la nariz levemente enrojecida. Se limitaba a buscar huecos con sombra, por donde tenía que apartarse constantemente para dejar paso a otras personas. A su vez miraba a su alrededor fijándose en las caras que le rodeaban, esperaban junto a ella a que el semáforo se pusiera en verde o que pasaban de largo. Algunas sonrientes, otras serias, alguna que otra cara “alergiosa” como la suya. Pasar junto a un naranjo y “ahh”, el olor a azahar. Rara vez podía resistirse a no coger una pequeña flor de azahar y guardarla en su mano hasta que se quedase el olor en ella.
“La primavera llegó”, pensaba para sus adentros.

La verdad es que había bastante gente en la calle aquella tarde. La llegada del calor y del buen tiempo parecía haber sido como una llamada a salir de casa a toda la cuidad.
Vio venir hacia ella un joven alto y moreno, cabizbajo, mirando al suelo. No podía apartarse en ese momento pues había demasiada gente y, a menos que el joven no mirase al frente pronto, chocarían. Levantó una mano hacia él cuando estuvieron a una distancia muy corta el uno del otro para evitar el choque y, casi riéndose por el descuido de él, le dijo “perdona, hola”.
El muchacho levantó la vista y se miraron.









En ese microsegundo en el que sus miradas se cruzaron pareció pasar una eternidad.
Sólo dio tiempo a que ambos se miraran con extrañeza, como sorprendidos el uno del otro al mirarse las caras. Él la esquivó y siguió hacia adelante tras un forzado “hola”. De momento, ella se recuperó de su sorpresa y continuó igualmente.

Esos labios les eran familiares, pero no podía ser él, aún no. Intentó recuperar mentalmente la imagen de su cara, que ahora se le tornaba confusa.
No podía ser él.
Miró hacia atrás.

Él la estaba observando un poco más alejado del sitio donde se habían cruzado, cuando vio que ella se giraba y sus miradas volvían a cruzarse volvió inmediatamente la vista al frente y siguió su camino pensando para sus adentros “no puede ser ella, aún no”.

Ella también siguió su camino, con su flor de azahar en la mano y su nariz enrojecida.
“Si realmente era él, seguro que nos veremos en la próxima primavera”, pensó mientras que la distancia entre ambos se hacía cada vez mayor. 



"Todo llega, hasta la primavera"

sábado, 2 de febrero de 2013

FIN.


Todos sabemos que siempre hay un final, solo que algunas veces no queremos saberlo, ni imaginarlo, o pensar siquiera que existe o que llegará.
Como leer un libro cuya historia te atrae y engancha, que está lleno de suspense y desechas la idea de mirar siquiera de soslayo el final del libro para no desvelar el misterio, o que deseas que no acabe nunca.
Puede que el no pensar en el final te haga disfrutar más del transcurso de la historia, pero no evitará que llegue.

Aunque, hay todo tipo de libros. 

Hay libros previsibles, en los que ya en el principio intuyes el desenlace final y el misterio se va junto con tus ganas de seguir leyendo.
Libros cuyo comienzo no suscita demasiado interés, pero cuanto más avanza la historia, más te atrae. También los hay que comienzan siendo muy interesantes pero el desarrollo de la historia se hace tan pesado que hasta roza el aburrimiento.
Hay libros lineales, esos cuya historia apenas recordarás con el paso del tiempo pues no supuso nada demasiado especial.
Libros con un contenido lleno de altibajos, a los que te acabas acostumbrando pero que, a la larga, cansan. Y hay libros intensos de principio a fin, cuya historia acaba pero sigues con las ganas de leer más y más. 

Hablando de finales.
Está el final que te deja un sabor dulce, que hace que recuerdes todo el desarrollo de la historia con satisfacción cualquiera que haya sido el final.
Pero también están los finales que hacen que cambies por completo tu concepción de toda la historia, para bien o para mal. 


- Cerró el libro.
El último capítulo de aquella historia había acabado.
Hacía tiempo que ningún libro le parecía tan bueno.
Eso le motivaba aún más a encontrar uno mejor y empaparse con sus palabras, a dejarse llevar hasta involucrarse por completo en la historia como si formase parte de ella, como si fuese uno de los personajes principales.
Aunque en cierto modo y, por mucho que le resultase extraño, ya lo era -.

"Solo quiero que seas como un libro abierto".




sábado, 26 de enero de 2013

Otoño.


Llegó el otoño y, mientras las hojas de los árboles caían, una historia comenzaba con la venida de la nueva estación.
Un día, asomada a mi ventana, vi una hoja caer desde uno de los árboles que adornan mi calle.
Tú.
El otoño, estación amable, intermedia entre el calor y el frío, entre nuestro comienzo y nuestro final.
Con su amabilidad nos condujo hacia algo inesperado, envolviéndonos cariñosamente en un remolino de hojas secas de colores cálidos a nuestro alrededor que, más tarde, se llevaría el viento.
Pero llegó el invierno y los árboles se pelaron.
Y ya no había hojas por donde pisábamos, sólo los restos de aquel otoño y del agua de las lluvias que anuncian la llegada de la siguiente estación.
Y ya no me asomaba a la ventana por el frío, el mismo frío que se adueñó de nosotros, helándonos hasta los huesos.
Llegará la primavera y otras hojas crecerán para volver a caer en el siguiente otoño y, ¿quién sabe lo que nos deparará?
Yo seguiré en mi ventana, viendo las hojas secas caer, viendo cómo el humo de mi cigarro se esfuma en el cielo llevándose mis dudas, mis miedos y, quizás, algún que otro recuerdo.
Siempre que me acuerde de ti, te recordaré como fuiste en el último otoño.

"Soy la mariposa que vuela hacia el huracán".

Poema 6.
Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera,
Las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
Boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.
Pablo Neruda

jueves, 24 de enero de 2013

Cosas de mariposas. II


Se sentía completa. Libre. Realizada. Segura de sí misma y de sus palabras.

Cada mañana, pues era una mariposa nocturna, se dormía con una sonrisa, la misma que mantenía al anochecer cuando despertaba, radiante y renovada.

Sin embargo, una mañana no se unió a las demás mariposas para dormir, se apartó aún siendo consciente del peligro que corría por los depredadores al dormir sola. Quería desconectar del mundo. Pasó unas horas mirando la radiante luz del sol y los pájaros volar entre las nubes, hasta que el sueño se apoderó de ella y se durmió con esa sonrisa sincera que la caracterizaba.

Aquella noche no despertó. Su tiempo había acabado, pues la vida de las mariposas es como un reloj de arena y, sin ella saberlo, el último grano de arena que le quedaba se consumió con su última sonrisa.

La vida de las mariposas es corta, pero no la de todas es igual de intensa. En eso nos parecemos mucho a ellas. A veces todo se trata de esas sonrisas, los granos de arena mejores invertidos de nuestro reloj. El saberte feliz, el regalarle esas sonrisas a los demás y que ellos las compartan contigo.

Y allí quedaron las grandes y bonitas alas del color del carbón de aquella mariposa que, después de todo, no pasaba tan desapercibida como creía, pues al despertar las demás mariposas y disponerse como cualquier día a buscar bellas flores de las que alimentarse, todas y cada una de ellas se preguntaron dónde estaría aquella mariposa negra tan hermosa, callada, tímida y su gran sonrisa. Y esa mañana, al irse a dormir, todas sonrieron como muestra de agradecimiento a todas las sonrisas que ésta les había dedicado desinteresadamente, haciendo sus días más felices.




“Te regalé mi tiempo, el más preciado que cualquier ser vivo pudiese tener, pues siendo una mariposa no dispones de toda una vida para vivirla a tus anchas. Pero yo lo hice y, sin ninguna duda,  lo volvería a hacer”.



"Delicadas alas de una dulce mariposa, 
veloz, fuerte y luminosa. Sin tregua persigo su vuelo 
y cubre nuestra casa el polvo del recuerdo".



miércoles, 23 de enero de 2013

VACÍO.


Esa absurda manía de aferrarnos a determinados momentos de nuestras vidas como si de ellos dependiese seguir vivos.

Es el aferrarte a esos momentos que piensas que han sido los mejores de tu vida y que no vas a volver a vivir, lo que hace que el momento que estás viviendo en ese instante lo recuerdes en el futuro como un momento de VACÍO absoluto.
Es el aferrarte a eso lo que hará aún más difícil que vuelvas a sentir esa sensación de adrenalina e ilusión en tu vida, de superar esos momentos, de sentirte vivo.
Aquí y ahora.

Hay quienes no saben mirar al pasado sin confundirlo con el presente.
Cualquier tiempo pasado no será mejor que cualquiera que puedas tener ahora  pero, quizás, cuando llegues a darte cuenta de eso ya haya pasado ese momento y sea demasiado tarde.
Como correr hacia un tren que se te escapa y lo único que llegas a ver son las siluetas de los pasajeros que están dentro de forma turbia por la velocidad a través de la ventana.

Cada momento, cada experiencia, todo es irrepetible.
A veces, lo que cuenta es poder sentarte un día de invierno en la arena mirando al mar mientras la brisa te roza la piel y te enreda el pelo, cerrar los ojos y recordar todos y cada uno de ellos mientras tus labios esbozan una sonrisa.
Y nunca olvidar que esos momentos son los que te han llevado a ser como eres hoy y que, para ser mejor mañana, tienes que empezar justo por este instante.

“Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, ante una tumba ya no tiene ningún sentido".


"Acuérdate de vivir".


domingo, 20 de enero de 2013

Llueve.


Llueve. Y fuera la lluvia borra las huellas de las pisadas de la gente que recorre la ciudad.

Llueve, pero a mí me gusta imaginar que en alguna de las calles que juntos recorrimos hay un pequeño techo que resguarda nuestras huellas de la lluvia e impide que se borren. Y que anhelan que volvamos a recorrer esas calles que prometimos recorrer juntos hasta agotar nuestros pies.

Esas calles ahora guardan nuestros secretos, nuestras historias y nuestras fantasías, que sólo sabíamos ellas, tú y yo y que se harán cada vez más turbias en nuestra memoria con el paso del tiempo y desaparecerán por completo un día de tormenta.

Lloverá y pasará el tiempo, y algún día volveremos por separado a esas calles acompañados de otras personas. Y  lloverá y volverán a borrarse de nuevo las pisadas, los recuerdos y el amor.

Lloverá, y cuando oigas la lluvia caer al otro lado de tu ventana, te acordarás de mí. Y sonreirás.

“Y hoy la cuidad nos enseña, que no somos ni seremos nunca los de antes”.

viernes, 11 de enero de 2013

Poeta ambulante.


El poder de la palabra, en mi opinión, el poder más valioso que jamás ha existido y existirá.
La poesía, esa forma de embellecer el sentido de las palabras, de lo que queremos decir.
Hasta las palabras más deplorables, hirientes y caprichosas pueden cobrar un nuevo significado si las usamos con poesía.

Siempre soñé con una gran poeta.
Un poeta ambulante (como decía una canción de uno de mis cantautores favoritos).
Pero mi poeta era un tipo de palabra y de palabras.
Un tipo capaz de transformar en bellas palabras todo lo que su retina era capaz de captar, todo lo que su memoria conseguía recordar de sus sueños y todo cuanto su imaginación le permitía ver de su propio mundo ideal.
Nunca mentir a través del papel como ley de vida.
Una palabra por cada realidad, una forma de vida.

Supongo que todos tenemos algo de poetas en nuestro interior.

Yo ya encontré a mi poeta hace tiempo, ¿llegaste a pensar alguna vez que lo busqué en ti?


"Tenemos que soportar dos o tres orugas si queremos conocer las mariposas".